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Para que soy buena

El despertar de mi habilidad me sorprendió en medio del duelo de mi madre. No sólo estaba enojada y triste, si no que también sintiendo un dolor inexplicable. Desorientada, intenté continuar mi vida automáticamente, pero oleadas de confusión me invadían cada tanto. ¿Qué hago ahora? ¿Qué quiero? ¿Quién soy?

Intentar sanar parecía una odisea, por lo que simplemente la deseché y me enfoqué en lo que tenía a mano. Pero monstruos, demonios y seres de todos los tamaños y colores recorrían mi casa, amenazando, burlándose y horrorizándome. Podía verlos claramente, y «sabía» lo que me decían, también. No sabía cómo explicarle a amigos y familia lo que me pasaba, así que esperé pacientemente a que todo pasara. Pero seguían ahí.

Intenté buscar ayuda en terapias, personas y lecturas. Nada parecía ayudar ni lograr que se fueran. Hasta que logré relacionar mi estado de ánimo con lo que estaba viviendo. Si estaba vibrando en la pena y en el dolor, obvio que iba a ver cosas feas. Feliz con mi descubrimiento, me propuse estar bien. Hice cambios en mi vida, cerré la puerta a cualquier conexión con el mundo astral y busqué en mí estados de ánimo que vibraran más alto. Apenas lo podía creer… ¡Comenzaron a desaparecer!

Trabajé más duro en mis estados de ánimo, en sentirme contenta a pesar de cualquier circunstancia. Muchas veces era inútil, otras veces era posible y otras lograba vivir el día sin visitantes. Pero cerrar la puerta completamente al mundo astral, era también cerrar la puerta a mi conexión con lo espiritual. Mientras lentamente dejaba atrás el zoológico infinito de seres oscuros, tímidamente, comencé a conectar con mi propia luz interior y mi necesidad de ayudar.

Los primeros contactos que me atreví a realizar fueron con los muertos. Cada vez que alguien cercano sufría una pérdida, intentaba comprender su situación, lo que les habría ocurrido y, con el tiempo, me atreví a preguntar si podía ayudarles en algo. Al principio fue muy confuso y no muy grato, pero mientras mi vida continuaba mejorando hacia lo positivo, los contactos eran cada vez más voluntarios y agradables.

Cuando comencé a atender consultantes y a responder sus preguntas existenciales, o sobre sus seres queridos fallecidos, se comenzó a gestar para mí una forma de ayudar. La positiva respuesta de los consultantes, me dieron la confianza para iniciar este espiral virtuoso. Mientras más ayudo, mejor me siento conmigo misma, más felicidad, más ganas de ayudar.

No puedo decir que todos los días me siento super contenta, pero cada año me siento mejor, más agradecida, más calibrada con mi verdadero ser, con más propósito, más feliz. He notado, como muchos artículos expresan hoy, que atraigo mejores cosas en la medida en que hago mi trabajo desde el amor.

Las sesiones en las que trabajo, también tienen sus propios propósitos y dinámicas. No quiero participar en confundir a las personas, o mostrarles cosas para las que no están preparados. Tampoco quiero inmiscuirme en la vida de las personas involucradas con los consultantes que no están presentes en la sesión. No quiero revisar sus vidas para satisfacer su curiosidad o ego, si no que para que desaten nudos sabiendo cómo se hicieron.

Me he propuesto que las sesiones traigan verdad, luz y tranquilidad a la vida de mis consultantes. Que aquel que vaya por respuestas las obtenga y siga su vida en paz. Quiero que cada persona que atiendo se vaya contenta, libre y con ganas de seguir luchando junto a los suyos por la vida que quiere tener. Quiero que ellos obtengan consultándome, lo que yo también quiero para mí: tranquilidad, paz y amor. Siento que si mi trabajo vibra alto, yo vibro alto, y así soy de verdadera utilidad al prójimo.

Ese es mi anhelo y en eso estoy trabajando, los desafíos son interesantes y, bueno, desafíos. Pero al menos, ya encontré para lo que soy buena. Hay mucho que mejorar, mucho que desarrollar, mucho que crecer.

Caro